EL CURIOSO PENSAMIENTO DE LA DERECHA

POR REDACCION

Ya la teoría dialéctica del conocimiento,
fundada por Heráclito de Éfeso en el siglo VI
antes de Cristo, ahondada y sistematizada por
Hegel y perfeccionada por Marx en el proceso
mismo de aplicarla a la crítica de la economía

política, demostró que muchos problemas que
se presentan al pensamiento abstracto no
pueden resolverse con el puro recurso de la
argumentación lógica simplemente porque la
conciencia cognoscente actúa inevitablemente
como juez y parte, es decir, que la verdad o
falsedad de su demostración tendrá que
juzgarla sin remedio ella misma, lo que no
obliga automáticamente a los demás a hacerla
suya. Por eso, Marx fue el primero en
descubrir que la prueba última de toda
“aporía” mental es la realidad misma, único


común denominador al que tenemos que
plegarnos todos, nos guste o no, si queremos
vivir en armonía con esa misma realidad.


Sin embargo, el tiempo ha demostrado que
tampoco esta prueba logra imponerse a todos
sin dificultad, porque quienes defienden
intereses ajenos al puro afán de conocer la
verdad, siempre encuentran la manera de
ponerla en duda e incluso de negarla
abiertamente. Y cuando es necesario, no
dudan en deformar, mutilar y negar la realidad
misma e, incluso, inventar una realidad
inexistente para demostrar “su” verdad

preconcebida. Esto es particularmente cierto y
grave en nuestra época, porque el
perfeccionamiento de los medios de
comunicación y de transmisión del
pensamiento, permite manipular la mente

humana hasta lograr que crea más en la
realidad virtual que le ofrecen los medios que
en la que les transmiten sus propios sentidos.
Ocurre, por ejemplo, con la guerra ruso-
ucraniana. Mientras los halcones del
Pentágono, con el apoyo de las plutocracias
del “mundo libre”, cometen todo tipo de
abusos, crímenes, saqueos, destrucciones y
masacres de países enteros (Irak, Afganistán,
Libia, Siria, etc.) su poderosísima maquinaria
propagandística se encarga de presentarlos
como héroes que arriesgan su vida por la
libertad, la democracia y los derechos
humanos, y de presentar a las víctimas como
los “verdaderos” y criminales agresores.

Y
todo mundo toma esas horrendas mentiras
como verdades indiscutibles, las aplaude y las
apoya y, con ello, deja manos libres a los
delincuentes internacionales para seguir con
su labor de muerte y sometimiento del
planeta.
Y es llamativo que renombrados
intelectuales, científicos, columnistas,
publicistas, reporteros, “blogueros”,


“yutubers”, “influencers”, etc., que por su
misma actividad profesional conocen de
primera mano la existencia y la actividad de la
poderosa maquinaria de control de la opinión
pública, hagan suyas estas flagrantes
falsificaciones sin un asomo de crítica.

Y más
aún que, apoyados en ellas, se sumen a la
campaña de ataque contra las víctimas y en
favor de sus verdugos, repitiendo con la fe del

carbonero que Rusia está perpetrando un
crimen imperdonable al invadir a un país
pequeño e indefenso como Ucrania, cuando
los propios orquestadores de tan sangrienta
maniobra se jactan sin recato de su fechoría.

Algunos ejemplos. 1) “«Joseph E. Hilbert,
jefe del 7° Mando de Entrenamiento del
Ejército de EE. UU. en Europa, reveló que
durante casi siete años, su país invirtió 126
millones de dólares para entrenar a 23.000
soldados ucranianos», recoge Jack Detsch,
periodista de la revista Foreign Policy.


Asimismo, señaló que durante el mismo
periodo Ucrania ha participado en más de una
docena de grandes ejercicios con tropas
estadounidenses en Alemania (RT, 4 de mayo
de 2022). ¿Se corresponde esto con la visión
del “pequeño y pacífico país” que retratan los
medios?

2) El reconocido cineasta Oliver Stone
alerta “que EE. UU. podría «estar preparando
el escenario para una explosión nuclear en
Donbass y culpar a Rusia». «Por supuesto, si
esto sucediera (…) todos los ojos del mundo
estarían entrenados, como un perro de Pavlov,
para culpar a Rusia. Esta culpa ya se ha
establecido de antemano, independientemente
de quién haya lanzado el dispositivo»,


aseguró” (RT, 4 de mayo de 2022). En su
cuenta oficial de Twitter, Stone dice que lleva
8 años siguiendo la situación en Ucrania y
recuerda «los incendios de Odessa, la
persecución sin derechos legales y asesinatos
a periodistas, alcaldes, políticos y
ciudadanos». «Me ha conmocionado el puro
odio expresado contra la minoría ruso-
ucraniana.

Es una historia larga y triste que se
desarrolla desde el golpe de Estado de
2014…» ¿Prueba esto que Rusia invadió
Ucrania por el puro afán de apoderarse de su

territorio? Lo del “perro de Pavlov” (el
investigador ruso creador de la teoría del
reflejo condicionado) es una alusión,
precisamente, al poder manipulador de los
medios al servicio del imperialismo.


3) El representante de Rusia en el Consejo
de Seguridad de la ONU presentó documentos
de indudable autenticidad que prueban que 4
gigantes de la industria farmacéutica


occidental, Pfizer, Moderna, Merck y Gilead,
participaban en experimentos biológicos con
enfermos mentales ucranianos (¿recuerdan a
los científicos de Hitler y del Japón imperial?)
en el hospital psiquiátrico n°1 de la ciudad de
Streletchye, en la región de Járkov,

inoculándoles el bacilo de la tuberculosis. La
idea era usarlos como vectores para contagiar
masivamente a los habitantes de la República
Popular de Donetsk. El secretario general
adjunto de la ONU para el desarme, Thomas
Markram, se limitó a asegurar que la ONU no
sabía nada de esto, pero los representantes de
los países miembros de la OTAN rechazaron


cínicamente las pruebas acusando a Rusia de
«desinformación» (voltairenet.org, 14 de
mayo). Estos son, véalos usted bien, los que se
dicen combatientes por los “derechos
humanos”.


4) Matt Gaetz, congresista republicano por
Florida, increpó a Seth Moulton, también
congresista, que afirma que EE. UU. está “en
guerra con Rusia”. Si estamos en guerra, dijo,


“por qué no votamos sobre la autorización del
uso de la fuerza militar? ¿O es que vamos a
operar en Ucrania como lo hemos hecho en
Yemen y por todo el mundo: guerras nunca
declaradas?” En su opinión los legisladores no
quieren ninguna discusión ni votación “porque
su verdadero objetivo es el cambio de régimen
en Rusia, no la defensa de Ucrania”. “Hace un

año perdimos una guerra contra los pastores
de cabras que agitaban rifles. Ahora corremos
a luchar contra una nación que posee 6, 000
ojivas nucleares”. “Se supone que los
servicios clandestinos son profesionales
sigilosos. Ahora parece que no pueden parar
de jactarse ante los medios de comunicación
de cómo EE. UU. ayudó a Ucrania a asesinar
a los generales rusos y a hundir el buque
insignia de Rusia (…) Es como si la
administración estuviera sondeando la línea
roja nuclear de Putin”. Añadió que le
preocupan las “armas nucleares, no los
tanques dañados; recordó que las armas
enviadas por EE. UU. acabarán en manos del
batallón Azov —“40 demócratas de la Cámara
de Representantes los llamaron una
organización extranjera neonazi y terrorista
tan solo hace tres años”— que ahora
aparentemente no les parece tan malo a los
políticos estadounidenses. Y concluyó: el
Congreso está dispuesto a “enviar miles de
millones (de dólares) a Kíev que llenarán los
bolsillos de funcionarios corruptos” como
sucedió en Afganistán. “Estamos entrando en
guerra como sonámbulos y el pueblo
estadounidense se queda en la oscuridad” (RT,
14 de mayo). Estos poquísimos ejemplos
demuestran, como dije, que la realidad no es
como nos la pintan los medios al servicio del
imperialismo.
El tema resulta de actualidad por las
reacciones que han provocado los recientes
actos de política exterior del presidente López
Obrador. Creo que la discusión entre nosotros
no debería ser sobre la vigencia de principios
que en otro tiempo nos conquistaron el respeto
del mundo entero: pleno respeto a la
soberanía, independencia e integridad
territorial de los países; no injerencia en los
asuntos internos de otro país y solución

pacífica de los conflictos. Creo que la
discusión debería recaer sobre el riesgo de una
aplicación simplista de los mismos a una
situación compleja como el conflicto ruso-
ucraniano. En casos así, se impone discernir
con lucidez quién es el que viola la soberanía
ajena; quien se apresta a vulnerar la integridad
territorial de otro; quién prioriza el uso de la
fuerza sobre la negociación.
Dar la razón a los fuertes por conveniencia
o cobardía, es fácil, como lo vemos hoy; pero
casi siempre es faltar a la verdad, a la razón y
a la justicia; es violar con toda desvergüenza
los principios que se dice defender. El
gobierno de México está en lo correcto
cuando se niega a dictar sanciones
económicas contra Rusia, pero se equivoca y
se contradice flagrantemente (por
superficialidad o por malicia) al ordenar a su
embajador en la ONU promover, junto con
Francia, la condena mundial a ese país por
invadir a Ucrania. Si Rusia es culpable de
violar la soberanía de Ucrania, debe ser
sancionada; si no lo es, la condena mundial es
una injusticia vergonzosa. Esto es borrar con
la cola lo que se hace con la mano.
Pero más críticas agrias ha provocado su
reciente visita a Cuba. Esto implica que sus
críticos, a sabiendas o no, respaldan el
criminal bloqueo norteamericano a la isla y se
alinean con el mundo del capital, dominado
por el afán de lucro, la desigualdad y la
pobreza de los pueblos. Esto se ve con toda
claridad en los “razonamientos” de los
opositores cubanos a la visita de AMLO. “Las
relaciones entre países no pueden estar en
“torre de cristal” ignorando la situación de los
pueblos”, dice Dagoberto Valdés, director de
la revista digital Convivencia. “La base debe
ser el conocimiento profundo de la situación

real del país con el que se tiene relación. Sin
respetar los derechos humanos no puede haber
verdaderas y auténticas relaciones” (EL
UNIVERSAL, 5 de mayo de 2022).

Esto me parece muy bien. Pero se me
antoja preguntar: ¿qué entiende por
“conocimiento profundo de la situación de
un país”, Dagoberto Valdés? ¿Se reduce a
pronunciarse sobre aquello que interesa al
crítico? Valdés no define de modo
entendible que son los “derechos humanos”;

tampoco lo explica por enumeración de sus
factores constitutivos. Por ejemplo, no dice
nada sobre la desigualdad, la pobreza, el
desempleo, el analfabetismo, el sistema de
salud, la vivienda popular, etc., todos ellos, a
mi juicio, componentes esenciales de los
derechos humanos. Creo que si reflexionara
en serio vería, en primer lugar, que también
están ausentes, y en gran escala, en EE. UU.


el país que tácitamente toma por modelo.

En
segundo lugar, se preguntaría en qué medida
el mal estado de estos derechos en Cuba es
consecuencia del bloqueo norteamericano,
que dura ya 60 años. No hacerlo así, lo lleva
a arrojar toda la culpa (que alguna debe
tener, sin duda) sobre el socialismo cubano.
La directora del diario digital


14ymedio.com, Yoani Sánchez, dijo: “López
Obrador dará un soplo de vitalidad y de
oxígeno económico a la dictadura cubana.
Vendrá con los bolsillos abiertos a la
voracidad de la dictadura y los oídos
cerrados a las voces críticas y de denuncia
en Cuba que señalan la grave situación”.

Me
asombra comprobar que los intelectuales
opositores al régimen cubano (caduco y
agonizante, dicen) manejen el viejo y
conocido truco de acusar de “dictador” al

presidente Díaz–Canel sin argumentación ni
prueba concreta alguna. No nos dicen,
tampoco, en qué consiste la “democracia

ideal” que pelean. ¿No saben, acaso, que esa
democracia ideal no existe ni siquiera en el
paraíso norteamericano, según Noam
Chomsky? Y es una sucia calumnia a secas,
acusar al gobierno cubano de una pandilla de
ladrones voraces, hambrientos del dinero
que a manos llenas les llevaría López
Obrador. Eso no lo dice ni siquiera Joe
Biden, porque no le gusta hacer el ridículo.
No estoy de acuerdo, por supuesto, con

los exagerados elogios a López Obrador,
pero los entiendo y disculpo porque creo
entender la difícil situación de Cuba y
aplaudo cualquier apoyo que reciba, por
mínimo que sea. Hoy, tanto los EE.UU.


como la Unión Europea, brazo político de la
OTAN, están mostrando especial interés en
América Latina. Quieren unirnos y uncirnos
a su política guerrerista por el dominio


mundial, como lo prueban la próxima
cumbre de países americanos en Los
Ángeles, California y la prisa de la UE por
cerrar los pactos comerciales con los países
del Mercosur, destacadamente México y
Chile.

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